¿Verdad?, me produce risa y me resulta arriesgado hablar de verdad, para quien le envuelve la relatividad o la falta de certezas, es como tirarse de cabeza en una tela de araña, hundirse en un océano de incertidumbres o perderse en un laberinto con pasillos en forma de espejismos, como que, quizás aunque hable de verdad, esta no lo sea.

       Verdadero o falso, real o irreal, cierto o incierto. Sin lo falso no existiría lo verdadero, sin la irrealidad no existiría la realidad y sin lo incierto no existiría lo cierto. Esta dualidad de conceptos se conforma en nuestra mente para estructurar y organizar nuestro mundo y darle un sentido según nuestra perspectiva o posición interpretativa estereotipando imágenes de imágenes. Y lo vemos cada día en esas pantallas brillantes situadas estratégicamente en los salones de nuestras viviendas casi como un elemento religioso en nuestra cultura, proyectando lo que pretenden informarnos de lo que hay ahí fuera como una reproducción electrónica de la vida. Nos fijamos en la superficie y desde ella organizamos el mundo, quizás por comodidad cognitiva.

        Las palabras tienen un gran poder para estructurar nuestra realidad y establecer lo verdadero. Nos vemos rodeados de un monopolio de la verdad manipulado por un lenguaje para uniformar mentes, a veces es como una sensación de que la mayoría de nosotros no puede explicar o probar de una manera palmaria la mayoría de cosas que hemos elegido hablar, como una imposibilidad constante y frustrante que pretende rellenar la oquedad de la verdad absoluta mediante argumentaciones vacías. Pues muchos dirían al escuchar la afirmación “el hombre se ha alejado del hombre”, que es una afirmación de un loco, como cuando Galileo anuncio que era la tierra la que giraba alrededor del sol, o más loco aun al afirmarse que un ser humano no necesita merecerse su vida a través de un trabajo para alimentarse y tener un lugar para vivir, impuesto esto por un sistema creado por el hombre. ¿Quién está loco? Como dice el poema de Jesús Lizano(2009): Aquellos que se creen Coroneles, Diputados, Abogados, Obispos, Fontaneros, Profesores, Cristianos, Musulmanes, Comunistas, Actrices, Policías, Médicos, Miembros del Comité Central, del Colegio Oficial de Médicos, Aparejadores y Fruteros se han olvidado de que son mamíferos con el paso de los siglos, no ven que son mamíferos con nombres extrañísimos.

         ¿Qué hay de verdad en que nuestra civilización haya evolucionado en sabiduría? o, ¿solo lo ha hecho en el alcance de objetivos ambiciosos?, ¿Qué tiene de verdad la Antropología? Si se le ve como una interpretación, como una suerte de textos literarios en forma de ciencia, una literatura que pretende ser ciencia. Mucha incoherencia, como que el factor de impacto del Journal Citation Reports no esté condicionado por las aportaciones económicas de las revistas científicas, como la verdad de que todo lo que haya dicho aquí tenga alguna coherencia. Y es que es un bucle de la duda que se manifiesta como esencia de la vida hasta el punto de que quizás el autor de este texto no haya entendido el apólogo de Antonio Machado, al no exponer una verdad independiente de la verdad absoluta, la verdad que no es absoluta ni relativa ni depende de ningún otro adjetivo, pues esa verdad no depende de todo lo que se haya dicho aquí.

         La verdad es que somos algo más que realidad, un todo, pues si todos al hablar decimos “yo”, todos somos tú y todos somos yo. ¿Qué hay de verdad de que haya sido yo el que ha reflexionado esto y no una verdad colectiva la que escribe por mis dedos?, ¿Cuál es la verdad de que al escribir este texto citando otros autores va a dar más solidez o va a acreditar mis argumentos? No sé, tengo muchas dudas. Quizás la duda sea la única verdad, y de ahí el poder de la duda.

Referencias bibliográficas

Lizano, J. (2009), El Ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia. Barcelona, Virus editorial.
Larrosa, J. (2000). Agamenón y su porquero. Notas sobre la verdad del poder y el poder de la verdad. Enrahonar: quaderns de filosofía (pp. 053-67).

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