El significante de la palabra economía ha sido monopolizado por la academia económica tradicional ejerciendo una hegemonía cuasi total sobre el entendimiento de su significado, construido estrictamente por la nomotética de mercado, gracias a una epistemología desarrollada por un conjunto de sociedades que gozan de una relación de poder favorable, creando su propia arquitectura axiológica. Representado este significado en el lema laissez-faire laissez-passer, el Homo economicous subordina lo social a la lógica de la economía de mercado, formando un pensamiento único y deformando nuestra visión del hombre y la sociedad. (Polanyi, K. 2007, p. 262) “Nada obscurece más eficazmente nuestra visión de la sociedad que el prejuicio economicista”. La institucionalización de un sistema de producción y distribución de bienes materiales que se autorregula por la sobreacumulación de capital y el concepto de escasez, idealiza los parámetros económicos de una comunidad tecnócrata, provocando una cosmovisión en el paradigma occidental que dificulta el entendimiento de lo económico desde la perspectiva antropológica.

Gracias a los estudios etnográficos de sociedades o comunidades no-capitalistas – Malinowski y Mauss-, tenemos a disposición bases conceptuales y teóricas sobre las cuales construir una narrativa diferente sobre el comportamiento económico del ser humano. Desde la visión antropológica entendemos que el estudio de la economía no es solo mediante parámetros técnicos-cuantitativos, reduccionistas con tendencia a caer en generalizaciones universales, sino que, lo económico es inseparable de las dinámicas de las relaciones sociales, de su marco de valores, sus creencias y sus relaciones de parentesco particulares. Polanyi (1997) entendía que en las llamadas sociedades “primitivas”, la economía se encontraba incrustada en la sociedad, de manera que no era necesario la injerencia de ningún sistema complejo de instituciones económicas y burocráticas separadas de la sociedad, si no que la producción y distribución de bienes materiales estaba impregnada y organizada dentro de complejas relaciones sociales mediante reciprocidad, intercambio y redistribución para la satisfacción de necesidades sin pasar por el deseo de ganancia y de temor al hambre.

Plattner (1991) entiende que la economía se encuentra incrustada en todas las sociedades, incluso en las industriales, ya que, a pesar de estar totalmente desarrollado el sistema capitalista en la vida de la sociedad, la dinámica económica se mueve todavía dentro de un marco de “restricciones” sociales, culturales o políticas determinadas e interrelacionadas. Además, Plattner pretende aplicar una serie de conceptos económicos formales -optimización de la utilidad, valor marginal, elección racional, la escasez- para explicar el comportamiento económico humano. Ello sugiere la generalización y universalización de ciertos patrones de comportamiento mediante una epistemología economicista. El ser humano se desenvuelve y está condicionado por el medio, o dicho de otro modo se adapta a él o es puesto a su disposición por un sistema cultural determinado mediante una codificación de significados y símbolos creados y modificados por el mismo en el seno de las relaciones sociales. Es un ejemplo de significado creado por una tendencia generalizadora según Jesús Contreras en (LLobera J. R., 1981, p. 19) “el postulado ideológico de que los hombres están condenados por naturaleza a la insatisfacción de sus necesidades.” es una narrativa construida que naturaliza la suposición de que el individuo es egoísta por naturaleza, sin advertir que el egoísmo económico es alimentado en unas condiciones determinadas de competitividad. También es un significante creado por una sociedad mercantilista que el valor del trabajo sea esencialmente monetario, pues en un orden simbólico característico de una determinada cultura el trabajo podrá tener diferentes valores relacionados y ligados al medio, donde el cultivo de la tierra sea consustancial a la obtención de alimentos para la subsistencia autónoma de un grupo social. Por tanto, las características tecnológicas y económicas de cada sociedad serian consecuencia, desde una máxima social y cultural, de una sinergia entre los vaivenes y oscilaciones de la historia y la naturaleza y los comportamientos adaptativos a ella, teniendo como hilo conductor y moldeador, el ordenamiento y reordenamiento simbólico de cada cultura. Por todo lo anterior, la manera de entender la economía para la antropología, (Narotzky, S., 2004) es de una manera engarzada y acoplada a las relaciones sociales, actuando como reguladores de los procesos de producción, distribución y consumo, a través de la interacción organizada de los seres humanos y la naturaleza. El sistema de mercado, al actuar como un ente separado de la sociedad por medio de instituciones guiadas por relaciones de poder capitalista, afecta de manera desigual a la estructura de la sociedad provocando consecuencias, valga la redundancia, nada económicas para la sociedad. Las conclusiones de una investigación
económica publicada en la revista Since (1999), da cuenta de las aplicaciones erróneas de un desarrollo económico basado en los preceptos de la economía de mercado para determinadas sociedades en la gestión de los recursos naturales comunitarios, siendo al contrario que, la autogestión de los recursos naturales comunitarios funciona mejor sin la injerencia del gobiernos o cualquier entidad privada, pues las normas y reglas sociales que las comunidades establecen tienen mucho que ver con el interés colectivo.

(Ostrom, E., Burger, J., Field, C. B., Norgaard, R. B., y Policansky, D.,1999, p. 280). “The farmer-managed irrigation systems of Nepal are examples of well-managed CPRs-common pool resources- that rely on strong, locally crafted rules as well as evolved norms. Because the rules and norms that make an irrigation system operate well are not visible to external observers, efforts by well-meaning donors to replace primitive, farmer-constructed systems with newly constructed, government- owned systems have reduced rather than improved performance. Government- owned systems are built with concrete and steel headworks, in contrast to the simple mud, stone, and trees used by the farmers. However, the cropping intensity achieved by farmer-managed systems is significantly higher than on government systems.”

Las conclusiones de esta investigación, ponen de manifiesto la necesidad de un entendimiento antropológico de lo económico, en el ámbito de la cooperación al desarrollo. La expansión de la economía de mercado capitalista llevado al termino de globalización, ejerce y ha ejercido un impacto en el medioambiente y en la salud de las poblaciones, tomando diferentes formas. (Comas, D.,1998, p.7) “[…] la economía de mercado penetra en distintos pueblos del mundo, impregna la lógica de diferentes formas de producción y modifica, a menudo sustancialmente, la vida de la gente.” Ante la concienciación de este hecho, en la actualidad, contamos con movimientos y emprendimientos sociales que revindican el entendimiento de la economía de una manera diferente a la hegemónica, como la agricultura ecológica, la soberanía alimentaria y las economías colaborativas, ayudando a reconstruir una narrativa sobre la condición humana más solidaria y ecológica, y reforzando la cohesión social no por simple idealismo bucólico sino por sensatez.

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